Buscando a Hunter S. Thompson


*El periodismo Gonzo incluye la inmersión total del periodista quien relata la historia, con una mezcla de objetividad y subjetividad, con cierto grado de humanidad, por más imperfecta que esa sea. Por lo menos esa era la propuesta del nuevo periodismo de Hunter S. Thompson a finales de los años sesenta. Thompson vivió con los Ángeles del Infierno (Hells Angels: A Strange and Terrible Saga, Random House 1967) un grupo violento de pandilleros que andaban en motocicleta y tenían su propio código de honor (ejemplo: si un ángel golpea a otro individuo, automáticamente debe ser apoyado por el resto de los ángeles presentes, sin importar la situación; es decir que se vuelve un enemigo común). En vez de cinturón usaban una cadena metálica para motocicleta en caso de que necesitaran un arma para defenderse. Muchos de sus escritos fueron publicados en la revista Rolling Stone, cuando esta estaba en su apogeo. Últimamente fue despedido de los Ángeles del Infierno e incluso pisoteado (stomped) violentamente. Hasta hoy, nadie sabe de donde salió el término de Gonzo realmente.

¿Pero cómo iba a emular yo a Hunter S. Thompson? O a otros grandes de la literatura como Hemingway cuando con trabajo salía de mi rutina de ir a trabajar a aquel viejo edificio y regresar a casa. Hemingway luchó contra toros en Pamplona y le disparaba a los tiburones que amenazaban su pesca en Key West (inspiración de To Have and Have Not, 1937); Thompson participó en la insurrección del pueblo chicano en California anta la opresión de gobiernos racistas y vivió para documentarlo (Strange Rumblings in Aztlan, 1971). Es decir, tenían de que escribir.

En mi vida y en mi ciudad no había historias tan interesantes como esas…¿o sí?


Eran las siete de la mañana, domingo 2 de enero. Me desperté porque tuve una pesadilla y no por falta de sueño, así que decidí empezar el día. Me lancé a las calles de aquella ciudad que aún dormía con una brisa fresca golpeando mi cara y recordándome que seguíamos en invierno.


El día anterior había pasado todo el día leyendo, escribiendo y viendo películas. Nada mal para recibir el año. Pero aquella mañana tenía la necesidad de estirar las piernas y mover las carnes. Dicen que, para ser buen intelectual hay que hacer actividad física también. Según Nietzsche el caminar era la mejor técnica para pensar y reflexionar activamente.

Cuando al autor de Fight Club le preguntaron que si estaba molesto por los clubes de pelea que habían surgido en diferentes puntos del mundo posterior a la publicación de su libro y si pensaba que si estos individuos estaban enfocándose más en la fisicalidad que en la intelectualidad el respondió:


—Sabes en algún nivel estaba feliz de qué hubieran iniciado con clubes de la pelea, porque es un paso al descubrimiento personal, y ya sean peleas consensuales o levantamiento de pesas, es una manera de descubrir tu capacidad física. Y es una acción; no es alguien que solamente está sentado y pensando. Así que lo apoyo totalmente.


El andador estaba vacío así que aproveché para hacer sombra (shadowboxing) con algunos árboles, con un oponente imaginario por algunos segundos, sin temor de parecer un loco desquiciado ante los ojos de los demás transeúntes.


Me metí a un pequeño café de comida orgánica y escuché a dos señoras copetonas con ropa deportiva rosa (y llena de bisutería) desde la gorra hasta los tenis hablando sobre su próximo viaje a Grecia persiguiendo la supuesta ruta de la seda. Sus atuendos eran algo ridículos, pero entretenidos.


Salí del café y vi a algunas personas esperando el transporte público en una parada de camión. Vi los siguientes mensajes escritos en las paredes tras de ellos:


¡¡ MUERA LA BURGUECIA !! -SIN PATRON

Supongo que haciendo alusión al inacabable clasismo presente en todos los países y en todos los momentos de la historia, fenómeno que en nuestro país no era la excepción.


Y a su lado:

2 DE OCTUBRE !! NO SE OLVIDA


No se olvida. Recuerdo instantáneamente la Matanza de Tlatelolco en 1968 donde la Plaza de las Tres Culturas fue escenario de la peor matanza de estudiantes en la historia de México. De alguna manera el evento siempre me había parecido fascinante pero ajeno, lejano, en una época que no era la mía. Pero me recordó la desaparición y matanza de 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero en el 2014.

Ayotzinapa es el Tlatelolco de nuestra generación.

Me imaginé los carteles que había visto:


VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS


¿Y SI TU HIJO FUERA EL 44?


Sentí escalofríos. Tomé una fotografía mental de los mensajes y seguí caminando.


El único otro establecimiento que había abierto es un spa
masculino que se llamaba Poseidón con un letrero que decía:


SE SOLICITA PERSONAL FEMENINO


Me pregunté que diría la nueva inclusividad de esa frase, sin duda sexista para los estándares de hoy.

También me pregunté qué clase de personas trabajarían ahí y sobre todo que clase de clientes frecuentarían esos lugares. Irónicamente, a un lado de ese negocio estaba una oficina de Alcohólicos Anónimos y a una cuadra una escuela primaria privada.


Caminé 10,194 pasos aquella mañana. Parece que la vida hoy ahora se mide en pasos y en alertas de qué llevas demasiado tiempo sentado. Escribiendo este texto ya llevo una, por ejemplo.


Pero de pronto, entendí que las historias estaban alrededor de mí y que, si abría bien los ojos, podía identificarlas. Hay historias que merecen ser contadas en todo nuestro entorno, en nuestro día a día, en todos lados si aprendemos a observar. Quizá no sea Pamplona o Los Ángeles, pero es la voz de una ciudad, de un gigante que duerme y despierte todos los días desde hace muchos siglos. Esas historias están ahí afuera, y yo soy parte de ellas.


02.01.2022