Hablando con extraños
El estacionamiento y el hospital están separados por una calle, unos cuantos metros de asfalto. Ese pasadizo está lleno de almas en situación de calle, todos hombres añosos y horrorosos. Seguramente con trastornos mentales, adicciones e inmersos en un mundo de carencias y violencia; imposible de escapar.
O por lo menos eso pienso yo todos los días que cruzo esa calle, con su dulce olor a basura y comida podrida, de orina y sueños aplastados. Mantengo la respiración durante ese breve trayecto, respirando con calma una vez dentro de las paredes del viejo edificio. Estoy seguro, alejado de esas pequeñas casitas de cartón y cobijas orinadas.
Afuera está el hombre con cabello y barba blanca, al que más de una vez le he dado mi lonche del día. Suena noble, pero lo hago porque comí otra cosa o porque ya estoy lleno y satisfecho. No sé su nombre, pero se cambia de lado de la acera dependiendo de dónde pegue el sol aquel día. Ayer estaba boca abajo en la calle, tomando un envidiable baño de sol. ¿Cuál será la historia de este hombre que está ahí todos los días, llueva o truene?
Escuché hace poco tres consejos para hablar con extraños en las calles, de un joven escritor británico llamado Jay, fanático del periodismo inmersivo:
- Sólo escucha. (No intentes argumentar nada, por más disparatado que suene.)
- Observa los dedos y los ojos. (Por seguridad, observa las manos por cualquier movimiento súbito y los ojos de una persona, esos siempre dicen la verdad.)
- Ve al extraño como un igual. (Empatía, esta no requiere explicación.)
Estas reglas son relativamente obvias supongo, pero más difíciles de aplicar en la vida real de lo uno esperaría.
Llevo cerca de 182 días pasando por esa calle, todos los días viendo a este extraños y ninguna vez me he atrevido a hablar con él. El miedo me vence y me paraliza siempre.
Tal vez algún día logre hablar con alguno de estos hombres, aunque sólo sea para escuchar, para intentar entender un poco más. O tal vez pasen los años y me siga pasando de largo como hoy, ensimismado en mis pensamientos y conteniendo la respiración por unos segundos todos los días.
Pero todos somos pasajeros del mismo viaje ¿no? ¡Entonces demuéstralo carajo, demuéstralo!
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09.01.22